18 agosto 2016

El primer libro de... (1)

Se acerca el fin de estas entradas tan majas donde varios blogueros y gente de bien nos cuentan sus primeras experiencias... culturales. Entradas que, quizá venga bien recordar, vienen a cuento del hecho de que este pequeño pero ilustre (ejem) blog cumplió una década el enero pasado, y a su creador le pareció bien la idea de reunir a un grupo de aguerridos héroes de la red (que conste que no me inspiré en Los Vengadores... ni en Escuadrón suicida) para que nos hicieran partícipes de sus historias, dándonos a conocer de dicho modo obras que, quizá, no habríamos descubierto de otra forma.

¿Esta será, por tanto, la última entrada (sin contar la mía, claro)? Pues a mis majos colaboradores (los que hasta la fecha no han podido mandar su texto) les gusta hacerse los interesantes (y lo digo con todo el cariño), así que puede que lo sea o puede que no, dependerá de ellos, de si sus quehaceres diarios les dan un respiro suficientemente amplio como para que se saquen de la sesera ese primer libro que leyeron...

Pues sí, por si no lo habíais adivinado la cosa en esta ocasión va de libros, de esas cosas cuadradas que si las abres tienen cientos de hojas con miles de palabras impresas, con la excepcional facultad de transportar al valiente que se atreva a leerlas a mundos ordinarios y extraordinarios, a vivir aventuras increíbles o situaciones que podrían pasar en tu barrio. He aquí seis historias donde hay nombres que se repiten pero, curiosamente, ningún primer libro coincide.

Eter - La torre del nigromante
La historia interminable, de Michael Ende. Hubo otros libros antes, claro, libros de "el barco de vapor" u otras colecciones infantiles o juveniles, pero aún recuerdo una semana que estaba enfermo, con 9 años y que cogí mi primer libro "de adultos". Un libro de esos "gordos" (400 páginas), sin dibujos y con tapas duras. Era otro tipo de literatura, el tipo de libros que leían mis hermanos, y siempre recordaré ese libro con cariño por ello. Y además aquella edición del Círculo de Lectores era una pequeña joya, con su letras en dos colores: una para el mundo real de Bastian y otra para Fantasía.

De aquella lectura han pasado ya más de dos décadas, y no lo he releído por miedo a perder algo de la magia que la nostalgia le ha dado en mi memoria. Me gustaba especialmente la primera parte, con la aventura mágica y llena de fantasía, ese mundo de ilimitadas posibilidades de Atreyu... luego cuando Bastian entraba en la historia todo se volvía más extraño, más oscuro y más retorcido, todo adquiría un sentido que creo que como niño no estaba entonces preparado para entender. Al final la lectura me dejó esa sensación agridulce que te dejan las cosas que van de más a menos. No obstante, fue el primer libro que leí, y por ello siempre estará en mi memoria.

Santiago Bobillo – Caballero de Castilla
El primer libro que tengo constancia de haber leído de chaval es El libro de la selva, de Rudyard Kipling.

Recuerdo haberme acercado a él a raíz de la película de Disney y por el anime, llevándome la primera sorpresa al poco de empezar la lectura: la obra original difería en gran parte de sus derivados. Pese a esta primera impresión, pronto me enfrasqué en una apasionante lectura sobre las aventuras de Mowgli, el famoso niño lobo: su rescate de los anarquistas monos por la pantera Bagheera, el oso Baloo y la pitón Kaa, la trampa que le tiende al tigre Shere Khan para acabar definitivamente con su enemigo jurado, la emboscada y la lucha contra los perros jaros, su primer intento de adaptarse a la civilización humana…

De niño recuerdo haberle dedicado bastante más tiempo que de adulto en su segunda lectura, pero ambas experiencias fueron sumamente gratificantes. La primera por haberme divertido y haber sido capaz de terminar mi primera novela, y la segunda por haber recordado los buenos ratos que pasé en la anterior a medida que iba pasando las páginas y por haberles sacado más jugo si cabe. Como ejemplo de esto último el elaborado y rico báculo “maldito” que mataba a los hombres.

En definitiva, un clásico del XIX cuya lectura recomiendo a grandes y pequeños por igual, demostrando con ella su autor un gran amor por la naturaleza y las aventuras.

Bibliotecario – La isla de las críticas
Mi primer libro: Los Cinco en las rocas del diablo

Cuando era pequeño, mis padres tenían una costumbre peculiar: Cuando iban a hacer la compra mensual a un Pryca, me compraban un libro. El primero que recuerdo es el del título de arriba.

El mundo de Los Cinco, era fascinante: Cuatro pre adolescentes (2 chicos y 2 chicas) más un perro, que se iban de vacaciones solos a los sitios más sorprendentes, viviendo grandes aventuras. Si bien los personajes no estaban demasiado perfilados, Jorge/Jorgina destacaba en esos años: Una chica que quería hacer cosas de chicos, vistiéndose como ellos para poder hacerlas mejor. Dado que el primer libro se publico en 1942, fue un personaje pionero.

En este libro en concreto, Los Cinco, otro chico y un monito, se iban de vacaciones a un faro abandonado,  encontraban un tesoro pirata y se enfrentaban a unos ladrones. Todo en unas 150 páginas. La escritora Enid Blyton escribió 21 libros de Los Cinco, mas unos relatos breves. Muchos años después, otros autores escribieron nuevas aventuras de los protagonistas, demostrando la importancia e impacto de este grupo en la literatura juvenil, ideal para que los niños pequeños comiencen con los libros.

Chechu Rebota – Rebotando de una cosa a otra
¡Mi primer libro! ¡Menudos recuerdos! El primer libro que leí fue El maravilloso mago de Oz de Lyman Frank Baum con las preciosas ilustraciones de W. W. Denslow.

La cosa fue así: mientras estudiaba 3º de EGB –sí, soy muy mayor-, un día me atreví a subir al piso de arriba del colegio –lugar prohibido para los que estábamos por debajo de 6º- y me aventuré a la biblioteca, me hice el carnet y saqué el libro que ya os he dicho al principio de este tostón. Para mí fue un descubrimiento.

Es evidente que en aquel momento no pillaba las alegorías económicas y sociales que dicha historia alberga, pero sí que me quedé fascinado con las aventuras que vive Dorotea calzada con sus zapatos de plata junto a Toto, el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león cobarde en ese mundo lleno de personajes estrambóticos, brujas buenas y malas y lugares sorprendentes.

Desde ese momento no he dejado de leer y reconozco que tengo una especial predilección por las historias de maduración en mundos fantásticos, por ello mismo algunos de mis libros favoritos son, a parte del que centra este texto, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, ambos de Lewis Carroll, y La historia interminable, de Michael Ende.

Héitor – El penúltimo Starfighter
Mis padres siempre me cuentan que aprendí a leer muy pronto. Había por mi casa unas cartillas del método Palau, esa práctica de enseñanza silábica de toda la vida que relaciona sílabas con imágenes y se ve que debí devorarlo. Así que, en cuanto pude, me metí de lleno en la colección azul clarito de Barco de Vapor, saltándome la colección blanca como un campeón y me zampé cualquier tebeo que cayó en mis manos, muchos de los cuales eran extractos que venían en el suplemento de El pequeño País.

Son muchos los libros que han marcado mi infancia. No sé las veces que llegué a leer Jim Botón y Lucas el Maquinista, me encantaba la historia de Juan de Goma, tenía a Michael Ende como un escritor de referencia antes de saber qué significaba la expresión “escritor de referencia” y llegué a tener varios libros de las series Los Hollister, Los cinco y Alfred Hitchcock y los tres investigadores antes de descubrir que las historias se parecían demasiado entre sí como para que me siguieran atrapando.

Pero si tengo que remontarme al primer libro que recuerdo haber leído, dudo entre dos de aquella mencionada colección azul de barco de vapor. Aquella pareja de títulos, cuyas esquinas de las páginas quedaron amarillentas de tanto pasar el dedo, fueron Ingo y Drago y Juan Chorlito y el indio invisible.

Ambas estaban protagonizadas por amistades leales y eternas, la primera entre un niño y una cría de dragón (quizá los responsables de Cómo entrenar a mi dragón también se lo leyeron en su momento) y la segunda entre un chaval pobre, marginal y de nula autoestima y un indio invisible que le acompañaba a todas partes y le enseñaba a tener maravillosas aventuras.

Algún residuo debe haber quedado en las esquinas del subconsciente, pues las películas de amistades entre un niño y un personaje que le ayuda a crecer y a sentirse mejor consigo mismo (E.T. el extraterrestre, Un mundo perfecto, El verano de Kikujiro, El sheriff y el pequeño extraterrestre...) han continuado siendo de mis preferidas.

Luego vendrían los mundos de J. R. Tolkien y de Stephen King, que ocuparon buena parte de mi adolescencia, pero todo empezó con aquellos dos chavales y sus extrañas, poderosas y mágicas amistades.

Carlos RT – Animación por las orejas
Mi primer libro es El mago de Esmirna. Supongo que no es el primer libro que leí, pero sí que es el primer libro que recuerdo leer solo y por iniciativa propia. Tendría yo unos 9 años, lustro arriba lustro abajo. Nunca fui un lector voraz ni prematuro.

La verdad es que tengo una memoria muy mala, y lo único que recuerdo del libro es que lo protagonizaba una especie de aprendiz de mago que se embarcaba en un viaje en solitario. En una montaña pasaba algo peligroso. Y ahí se acaban mis recuerdos.

Lo que sí recuerdo es leer el libro con muchas ganas, al menos en su primera parte. También sé que acabé el libro con la sensación de no haberlo entendido del todo.

No me enteré hasta muchos años después de quién era el autor. Tenía que mudarme a Madrid y hacer limpia en mis estanterías de Vitoria. Fueron unos días nostálgicos de repaso de toda mi infancia, teniendo que tomar decisiones difíciles como tirar mi colección de tazos. El mago de Esmirna estaba en una tierra de nadie de libros infantiles entre los Leoleos y los Barcos de vapor blancos y azules. Fue una grata sorpresa que el autor de aquel primer libro fuera Joan Manuel Gisbert, autor de varios libros que me habían gustado mucho en mi adolescencia como El misterio de la isla de Tokland o Los armarios negros, y referente de la literatura juvenil española.

Me prometí volver a leerlo un día, pero aún no lo he hecho. Pero esta entrada me ha hecho sentir nostalgia y puede que en mi próxima visita a mi padre lo recupere de la parte desordenada (y oculta) del armario de libros que tenemos allí.

  • Otros capítulos:
           El primer libro de... (2)
           Mi primer libro 
           El primer tebeo de... (1)
           El primer tebeo de... (2)
           El primer tebeo de... (3)
           Mi primer tebeo
           La primera peli de... (1)
           La primera peli de... (2)
           Mi primera peli

2 comentarios:

Estantería Cho dijo...

Hola!! tenía curiosidad por ver los primeros libros de los demás y me ha sorprendido que apareciera El mago de Esmirna porque yo también lo leí en el colegio y no lo entendí XDD. Lo tengo en casa de mis padres, a ver si lo releo y me entero bien de qué iba la historia XD

Besos

Neovallense dijo...

Hay libros que es hasta recomendable releerlos de cuando en cuando, sobre todo si en la primera lectura no se terminó de entender. Si lo haces no es mala idea que escribas una reseña sobre el mismo, quizá Carlos RT le eche un ojos y termine entendiéndolo también xD

Saludetes y muchas gracias por comentar ^^

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